En Antiaging|Medicina Estética, Belleza

La toxina botulínica, conocida también como «botox«, es una de las sustancias más utilizadas en Medicina Estética desde hace unas décadas.

El profesional médico dispone de un amplio arsenal de tratamientos, creciente de forma constante. No solo se descubren nuevas sustancias para nuevas necesidades médicas, si no que se suelen descubrir nuevos usos para las que ya se utilizan y, sobre todo, suelen modificarse protocolos de uso, siguiendo indicaciones descritas en las continuas investigaciones.

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Pero hay determinadas sustancias, conocidas desde hace décadas, cuyos usos y técnicas de aplicación se establecieron hace mucho tiempo y los estudios posteriores no han indicado la necesidad de modificar sus protocolos. Estas características las hacen sustancias de elección directa para ciertos tratamientos.

Dentro de este grupo de sustancias destaca la toxina botulínica (bótox), descubierta en el siglo XIX, que no es más que una proteína producida por un microorganismo (Clostridium botulinum) que tiene la capacidad de interrumpir el impulso nervioso que activa la contracción muscular, y que aplicada en la dosis adecuada sobre el tejido muscular relaja parcialmente y de forma temporal dicha contracción.

Esta propiedad hace que sea una sustancia que, administrada en cantidad terapéutica y segura, sea útil para el profesional médico en gran cantidad de afecciones (migraña, neuralgia, bruxismo, estrabismo, sudoración excesiva, etc.), donde es necesario controlar una contracción muscular excesiva

En medicina estética se descubrió su utilidad, en las últimas décadas del siglo XX, para el tratamiento de las arrugas faciales de expresión, causadas por la contracción continua de los músculos faciales superficiales (responsables de nuestros gestos) y sus adherencias fisiológicas con la piel. Y hasta la fecha no se ha encontrado otra con mejores características.

Por su seguridad y su facilidad de administración es, y sigue siendo, el tratamiento estrella para eliminar las arrugas del tercio facial superior (regiones de la frente, el entrecejo y las patas de gallo). Los resultados son predecibles, estéticamente naturales y duraderos, aunque, eso sí, temporales. La toxina se metaboliza progresivamente en la propia zona en la que se aplica, siendo necesaria la repetición anual del tratamiento entre 2 y 3 veces para mantener el efecto estético óptimo.

No sientas rechazo por este tratamiento… En las manos de un buen profesional, con experiencia, siempre obtendrás de forma segura ese rejuvenecimiento natural que buscas.

Dr. José Antº Robles Laguna
Medicina Estética y Antienvejecimiento

Clínica Biyô
Quirónsalud Alicante-Torrevieja

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